viernes 15 de junio de 2007

JESUCRISTO, IMAGEN DE DIOS. Yo Imagen de...


Col 1, 12-15

“Gracias al Padre que nos ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos en la luz. El nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados. El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación”.

¿Qué me sugiere el título de la oración?
¿Qué me sugiere el texto?

JESUCRISTO es el primer sacramento, el revelador, el ícono de Dios: “Así es Dios”. Y a la vez por el tenemos acceso a Dios, Él es el puente, pontífice y mediador. Él es el rostro más aproximado, más fiel y verdadero de Dios.

Desde Jesucristo y por Él y en Él, el rostro de Dios se vela y se desvela en muchos espacios y gestos simbólicos. En muchas cosas, situaciones, lugares, acciones, realidades y espacios de mi ciudad.
Es un Dios oculto y a la vista de todos, inaccesible y fácil, indemostrable y obvio, del que casi siempre disfruto, como a aquel a quien le es dado, sin saber muy bien por qué, ver desvelada la hermosa profundidad del bosque más allá de los árboles evidentes de la primera línea. Y no sé por qué extraña, o quizás razonable coincidencia, el bosque es siempre más hermoso que los hermosos árboles que impiden verlo.
Pero este rostro va y viene más allá y mas acá de todos los sacramentos de la lista oficial y admite mil variedades: el rostro de cada niño acaba siendo un sacramento, o una pareja que desprende amor, o un encuentro inesperado, o el golpe de una desgracia, hasta a veces una violencia sin sentido, o un rostro desconocido, o el fulgor de un almendro florecido, o el remolino de cientos de adolescentes en la noche de un sábado en la disco, o un grupo de jóvenes reunidos para hablar de Dios a media tarde del sábado o en cualquier sala de clases en el alboroto de los jóvenes y de los niños, o en el rostro del hermano de comunidad, o en el indígena que pide caridad, o en el niño sucio de la calle, o...
Al final, como al principio, todo es sacramento de Dios y del hombre; todo es símbolo para quien tiene la llave, la clave, la combinación de cada hecho, de cada espacio, de cada gesto. Al final todo es gracia, todo es rostro de mi Dios urbano. Y cuando tengo tiempo y silencio interior para ello, lo contemplo y lo disfruto. Y me siento feliz, afortunado de compartirlo con mis hermanos.
Hno. Mariano Varona

LA MIRADA DE JESÚS ES, ANTE TODO, COMPASIVA

La mirada de Jesús debía ser impresionante. En el evangelio encontramos algunos destellos de estos maravillosos ojos de Jesús. Es, por ejemplo, el caso del joven rico. Le debemos a Marcos esta pincelada: «Entonces Jesús le miró con cariño». Captaron sus ojos la fuerza de su amor. Parece imposible que aquel joven se le escapara a Jesús. Lo más probable es que el joven habría cerrado antes sus ojos. Otra vez su mirada está cargada de tristeza y de rabia: «Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones» (Mc 3, 5).A Zaqueo lo mira con simpatía y encanto seductor: «Cuando Jesús llegó a aquel lugar mirando hacia arriba, le vio y le dijo: "Baja enseguida, Zaqueo, porque hoy quiero hospedarme en tu casa"» (Lc 19, 5).En el caso de la viuda generosa, su mirada está llena de penetración y admiración: «Levantando los ojos, miraba a los ricos que echaban sus ofrendas... Vio también a una viuda muy pobre que echaba dos blancas...» (Lc 21, 1-2). ¿Y cómo miraría Jesús, con qué compasiva ternura, a la prostituta arrepentida: «¿Ves a esta mujer» (Lc 7, 44); a la mujer adúltera: «Enderezándose Jesús y no viendo a nadie sino a la mujer» (Jn 8,10); al paralítico de Cafarnaúm y a sus ayudantes: «Al ver Jesús la fe de ellos» (Mc 2, S); a la humilde hemorroisa: «Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: "Ten ánimo, hija"» (Mt 9, 22); a la pobre mujer encorvada: «Cuando Jesús la vio, la llamó y dijo: "Mujer, quedas libre de tu enfermedad" (Lc 13, 12); a las muchedumbres hambrientas de pan: «Y vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos» (Mc 6, 34), o hambrientas de su palabra: «Y alzando los ojos... decía:"Bienaventurados..." (Lc 6, 20); a las piadosas mujeres que le seguían camino del Calvario: «Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: "Hijas de Jerusalén...» (Lc 23, 28); mirada de compasión y pena la que dirigió a la ciudad de Jerusalén: «Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella» (Lc 19, 41).Destaquemos, en fin, dos últimas miradas. La mirada más generosa y entregada que conocemos: «Cuando vio Jesús a su madre y al discípulo a quien él amaba, dijo a su madre: "Madre, he ahí a tu hijo". Después dijo al discípulo: "He ahí a tu madre". (Jn 19, 26-27). ¡Cuánto salimos ganando después de esta mirada! Y la mirada profunda y transformadora que dirigió a su discípulo Pedro después de sus caídas y que le arrancó las lágrimas más hermosas de su vida: "Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro, y recordó Pedro... Y, saliendo fuera, lloró amargamente" (Lc 2 61-62). Nos quedamos con esta mirada que regaló Jesús a Pedro. Que él nos mire así a nosotros, para que nos haga ver mejor nuestros pecados, para que seamos capaces de llorarlos y, sobre todo, para que aprendamos a amar a Jesús de la misma manera que le amaba Pedro.
Fuente on line: mercaba. org

Si tuviésemos la posibilidad de entrevistarnos con Jesús y tenerlo frente a nuestros ojos,

¿De que forma nos miraría?

¿Qué palabras acompañarían esa mirada?

¿Cómo descubro la mirada de jesús en la mirada de nuestros hermanos?

¿Cómo descubro la mirada de Jesús en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía? ¿Y en las visitas al Santísimo?

ORACION

"Qué Grandes y maravillosas son todas tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son todos tus caminos. Rey desde el principio ¿Quién es como Tú? sólo tú eres Santo, y ahora el primero será el último y el último será el primero. Tú te has revelado a aquellos que no te buscaban. Has mostrado tu trono a aquellos que nunca habían honrado Tu nombre; y ahora son estos los que vienen a adorarte y venerarte. Aprendieron a alabarte directamente de la boca de tu Espíritu Santo. Ellos son los que se mantendrán fieles a ti, porque Tú, que eres el Cordero, y te sientas en el trono, serás su Pastor y los conducirás". AMEN