Este hombre, universalmente conocido para el mundo Marista, se llama:
José Benito Marcelino Champagnat Chirat
1.1 Una pedagogía de presencia
Uno de los investigadores de la vida de Marcelino Champagnat, Hno. Alejandro Balko, resume así la obra de Marcelino Champagnat:
“La obra del fundador de los maristas no es fundamentalmente el fruto de una tesis sobre los males de la sociedad, ni un arma de combate contra la Revolución y las instituciones que nacieron en dicha Revolución. No quiere hacer la guerra contra nada ni contra nadie. Por el contrario, ha germinado en la vivificación de la existencia personal, a quien sus propias dificultades han revelado las aspiraciones y las inmensas necesidades de sus semejantes. Por eso se comprometió en cuerpo y alma en una aventura generosa, desplegando tesoros de energía y amor a una naturaleza rica”
El educador tiene un medio inmediato, primario e indispensable que ha de estudiar, comprender y aceptar como condicionante de su proyección educativa: su presencia.
El educador se coloca y se ha de pensar frecuentemente delante y en medio de los alumnos. No en una postura esporádica, teatral, irresponsable.
Para ser buenos educadores – aconsejaba San Marcelino – es indispensable vivir en medio de los educandos, y que el tiempo que pasen con nosotros (los educandos) se alargue y se prolongue. (Hno. Juan Bautista)
En una carta fechada el 21 de enero de 1830, Marcelino describe su propia actitud de presencia:
“Diga a sus alumnos que los quiero mucho, que quisiera tener la satisfacción de enseñarlos, dedicarme de una manera más directa a formar a estos pequeños de su clase”
La pedagogía de presencia lleva consigo la inmensa riqueza afectiva de toda la personalidad del educador. Juan Bautista, su biógrafo, expresaba este pensar del Fundador con esta frase del mismo Padre Champagnat:
“Para educar a los niños hay que amarlos, y amarlos a todos por igual”
El testimonio vivo actual abunda en los siguientes conceptos y descripciones:
- La pedagogía de la presencia exige de la persona del educador que ni oculte ni abstraiga su persona.
- Evita convertirse en un personaje distante, diferente, parapetado en sus títulos, su saber, y su dominio.
- El proceder de presencia pide que se esté a la vista, cerca, con los riesgos y las posibilidades que esto implica, con las oportunidades que engendra.
- Es un estar con corrección, con porte digno ni hierático ni hilarante, ni agresivo ni irritante, pero tampoco acomplejado y con conciencia de víctima, por el contrario, que se hace aceptar sin más. La consecuencia inmediata es que crea clima de comunicabilidad, que a veces se transformará en confianza y sinceridad de los alumnos.
- La presencia y su proceder son suma de presencias físicas en el aula, en el patio, en todos los minutas.
IMPORTANTE: El educador ni estorba, ni molesta, ni ofende ni altera.
La presencia misma del educador es pacificadora, produce distensión y anima aspectos positivos y valores humanos. Es la presencia que se propicia en los recreos, las salidas, las entradas, los tiempos libres, los ocios, las excursiones, etc.
Podemos decir que es levadura en la masa; el proceder de presencia es un fermento que crea ambiente; antes que la palabra oportuna, es la presencia impregnadora, activa.
La pedagogía de presencia está vinculada al sentido de la vigilancia preventiva, que es una herencia muy rica, caracterizada por una serie de valores educativos tendentes a la desaparición.
El educador que practica una pedagogía de presencia tiene que convencerse de su actitud pedagógica, eficaz y válida. Las actitudes reales de una pedagogía de la presencia llevan mucha más rica carga pedagógica: El conocimiento del alumno y el conocimiento del profesor se revelan con más facilidad, con más eficacia y verdad, en la presencia educativa; que con cualquier procedimiento tecnificado y científico.
El proceder de la presencia exige al educador dominio, equilibrio y mucha atención, de tal manera que siempre le hacen estar justo en el momento oportuno, evitando cualquier problema que pueda surgir.
1.2 Una pedagogía de la Sencillez
La comparación es del hermano Francisco Rivat, sucesor y discípulo aventajado de Marcelino:
“Como Francisco de Asís fundó la Orden de los Frailes Menores que se distinguieron por su pobreza, Champagnat fundó los pequeños Hermanitos de María para caracterizarse por su sencillez”
Los primeros hermanos bebieron la sencillez en la escuela de su Fundador, lamentablemente esta característica de Champagnat no le fue apreciada en vida en su justo valor, particularmente entre las autoridades eclesiásticas y civiles. Lo vemos expresado en la siguiente nota:
“Lo que le perjudicaba al Padre Champagnat en París fue su gran sencillez; que cuando se le trataba dijeran: ¡Verdaderamente es un buen hombre!. Pero se le tiende a mirar como un hombre de campo”
Muy distinto era el testimonio de los hermanos que más vivieron con él, y no dejaron escapar este valor:
“Sus actitudes sencillas y afables, su franqueza, el aire de bondad que adornaba su persona, le ganaba fácilmente los corazones y disponían los espíritus a recibir sin esfuerzos y sin trabajo, y aún con su satisfacción, sus advertencias, sus instrucciones y sus reproches”
El trinomio humildad, sencillez y modestia no es, posiblemente, invención del Padre Champagnat, pero el contenido nada artificial que él le dio, sí que es absolutamente marista. En testimonios comprobados hallamos el contenido fundamental de esta característica:
“Los compañeros en el sacerdocio lo criticaban mucho cuando comenzó su obra y querían hacerla prohibir bajo pretexto de que deshonraba el carácter sacerdotal, llevando una vida muy pobre, pues hacía él mismo de albañil cuando construían el Hermitage”
A pesar de todo, Champagnat siguió adelante con la obra educativa de levantar una casa y una congregación para los niños huérfanos y para enseñar formación profesional a los más pobres. Como vemos, los primeros Hermanos aprendían este valor de buena mano y mejor ejemplo.
La comparación es del hermano Francisco Rivat, sucesor y discípulo aventajado de Marcelino:
“Como Francisco de Asís fundó la Orden de los Frailes Menores que se distinguieron por su pobreza, Champagnat fundó los pequeños Hermanitos de María para caracterizarse por su sencillez”
Los primeros hermanos bebieron la sencillez en la escuela de su Fundador, lamentablemente esta característica de Champagnat no le fue apreciada en vida en su justo valor, particularmente entre las autoridades eclesiásticas y civiles. Lo vemos expresado en la siguiente nota:
“Lo que le perjudicaba al Padre Champagnat en París fue su gran sencillez; que cuando se le trataba dijeran: ¡Verdaderamente es un buen hombre!. Pero se le tiende a mirar como un hombre de campo”
Muy distinto era el testimonio de los hermanos que más vivieron con él, y no dejaron escapar este valor:
“Sus actitudes sencillas y afables, su franqueza, el aire de bondad que adornaba su persona, le ganaba fácilmente los corazones y disponían los espíritus a recibir sin esfuerzos y sin trabajo, y aún con su satisfacción, sus advertencias, sus instrucciones y sus reproches”
El trinomio humildad, sencillez y modestia no es, posiblemente, invención del Padre Champagnat, pero el contenido nada artificial que él le dio, sí que es absolutamente marista. En testimonios comprobados hallamos el contenido fundamental de esta característica:
“Los compañeros en el sacerdocio lo criticaban mucho cuando comenzó su obra y querían hacerla prohibir bajo pretexto de que deshonraba el carácter sacerdotal, llevando una vida muy pobre, pues hacía él mismo de albañil cuando construían el Hermitage”
A pesar de todo, Champagnat siguió adelante con la obra educativa de levantar una casa y una congregación para los niños huérfanos y para enseñar formación profesional a los más pobres. Como vemos, los primeros Hermanos aprendían este valor de buena mano y mejor ejemplo.
1.3 Una pedagogía de “Vida de Familia”
La espiritualidad mariana conlleva el ser y construir familia. Es imposible separar en Marcelino su amor a María y su inclinación a ser y construir familia.
Desde pequeño descubre que María está siempre en el corazón de toda familia: Ella es la que une, anima, dirige, proporciona confianza y alegría. Ella es la que apunta al único centro posible de toda familia: Jesús.
MARÍA ES SINÓNIMO DE FAMILIA
Lo será para Jesús en su niñez y juventud. Por eso, no debe extrañar que lo primero que hace Jesús al iniciar su vida pública sea construir otra familia: la comunidad apostólica, y María no tarda mucho en incorporarse a esta nueva familia. Ahora tiene que aprender a construir de una manera nueva otro tipo de familia, más amplia, más fuerte: la familia de los que creen en Dios, manifestado en su hijo Jesús. Una familia siempre abierta, sin fronteras de raza, de ideologías, donde todos tienen cabida, porque son hijos e hijas de Dios.
No debemos pues, extrañarnos que, al pie de la cruz, Jesús nos la entregue como Madre, diciéndonos “Ella os enseñará cómo se construye una familia. Haced como Ella os diga”
Ser presencia de María en la Iglesia y en el mundo es ayudar a construir un entramado de relaciones humano – divinas que permitan formar una única familia: “Padre, que todos sean uno, como Tú y Yo somos Uno” (Juan 17,22)

MARCELINO QUIERE QUE LOS MARISTAS SEAMOS UNA FAMILIA
Remontémonos a la etapa en que Marcelino se encuentra en el seminario de Lyon:
“Un grupo de seminaristas, entre ellos Marcelino, estando a los pies de la Virgen de Fourvière, un 23 de julio de 1816, sienten la inspiración de formar una familia religiosa misionera: La Sociedad de María, o Padres Maristas”
Marcelino no abandonará nunca esa promesa a lo largo de toda su vida. A las puertas de su muerte, cuando escribe su testamento espiritual a los Hermanitos de María, nos dejará escrito el ideal de toda su vida:
“Ámense unos a otros como Cristo los ha amado. No haya entre ustedes sino un solo corazón y un mismo espíritu. ¡Ojalá se pueda afirmar de los Hermanitos de María lo que se decía de los primeros cristianos: Miren cómo se aman (…) es el deseo más vivo de mi corazón en estos últimos instantes de mi vida”
Marcelino nos puso el nombre de “hermanos” (pequeños hermanos o hermanitos). “Como hermanos y hermanas” se titula uno de los capítulos del reciente documento de espiritualidad marista: “Agua de la roca”, hermanos y hermanas en Dios Padre y en María, que nos hace presente el rostro materno de Dios, y a quien llamamos tiernamente “Nuestra Buena Madre”. Marcelino nos imprimió un sello de marca, una forma de ser familia, que deriva de su propia experiencia de familia, su experiencia materna – paterna de Dios, expresada en las figuras de María y José, y de la experiencia de construir una familia con los primeros hermanos.
Los hermanos aprendieron a amarse entre sí, al aprender cómo él los amaba. El Hermano Lorenzo nos dejó un pensamiento maravilloso de este amor de familia:
“Una madre no tiene tanta ternura por sus hijos como la que el Padre Champagnat tenía por nosotros”
Ternura de madre y reciedumbre de padre, es lo que caracterizaba a Champagnat, a María, a José, a Jesús, a tantos santos y santas, donde los elementos femeninos y masculinos convergen para plasmar la perfecta imagen y semejanza de Dios que es cada ser humano.
LA MISIÓN MARISTA ES EDUCAR DESDE UN ESPÍRITU DE FAMILIA
Uno de los elementos esenciales de la misión marista es el espíritu de familia. No solamente se trata de un estilo educativo, sino que es parte constitutiva de la misión: debemos crear y expandir el espíritu de familia. La vocación de todo marista es crear comunión en todos los ambientes en que se encuentre.
Lo tenemos claramente en el documento “Misión educativa Marista”:
n° 107: “El gran deseo y la herencia del P. Champagnat es que nos relacionemos los unos con los otros y con los jóvenes como miembros de una familia que se ama. Procuramos hacer realidad ese deseo incluso en nuestras obras educativas más amplias y complejas”.
n° 108: “Dondequiera que estemos, nos comprometemos a construir comunidad entre todos los que se relacionan con nuestras instituciones y actividades (…). Todos han de sentir que están en casa cuando vienen a nosotros (…). Entre nosotros debe prevalecer un espíritu de acogida, aceptación y pertenencia, de manera que todos se sientan valorados y apreciados, cualquiera que sea su función o posición social” (Ver continuación números 109, 110, …)
ESTE DON SE NOS HA DADO PARA HACERLO FRUCTIFICAR EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
Como los talentos del Evangelio, este carisma no se nos ha dado para guardarlo sólo para nosotros, para nuestra pequeña familia. Nuestra tarea es la cristificación del universo. Esta cristificación no se puede dar sin una Iglesia y un mundo que sean “marianos”. La Encarnación de Cristo no se da sin “ser familia”. No es posible la Navidad sin la familia.
Hay que llevar este mundo hacia Belén, Nazaret, el Calvario, el Cenáculo, la Eucaristía, es decir hacia Jesucristo. María sigue siendo la que nos indica el camino.
2. CONCLUSIONES
Jesús, María y Marcelino están con nosotros.
Confiados en la fuerza de Dios y el apoyo fraternal de todos los que nos sentimos maristas, sigamos construyendo familia allí donde la vida nos lleve.
Las últimas palabras de Marcelino nos sirvan a todos para perseverar en esta misión:
“Ojalá se pueda afirmar de todos los Maristas lo que se decía de los primeros cristianos: ¡Miren cómo se aman! Este es el deseo más vivo de mi corazón en estos últimos instantes de mi vida”
La espiritualidad mariana conlleva el ser y construir familia. Es imposible separar en Marcelino su amor a María y su inclinación a ser y construir familia.
Desde pequeño descubre que María está siempre en el corazón de toda familia: Ella es la que une, anima, dirige, proporciona confianza y alegría. Ella es la que apunta al único centro posible de toda familia: Jesús.
MARÍA ES SINÓNIMO DE FAMILIA
Lo será para Jesús en su niñez y juventud. Por eso, no debe extrañar que lo primero que hace Jesús al iniciar su vida pública sea construir otra familia: la comunidad apostólica, y María no tarda mucho en incorporarse a esta nueva familia. Ahora tiene que aprender a construir de una manera nueva otro tipo de familia, más amplia, más fuerte: la familia de los que creen en Dios, manifestado en su hijo Jesús. Una familia siempre abierta, sin fronteras de raza, de ideologías, donde todos tienen cabida, porque son hijos e hijas de Dios.
No debemos pues, extrañarnos que, al pie de la cruz, Jesús nos la entregue como Madre, diciéndonos “Ella os enseñará cómo se construye una familia. Haced como Ella os diga”
Ser presencia de María en la Iglesia y en el mundo es ayudar a construir un entramado de relaciones humano – divinas que permitan formar una única familia: “Padre, que todos sean uno, como Tú y Yo somos Uno” (Juan 17,22)

MARCELINO QUIERE QUE LOS MARISTAS SEAMOS UNA FAMILIA
Remontémonos a la etapa en que Marcelino se encuentra en el seminario de Lyon:
“Un grupo de seminaristas, entre ellos Marcelino, estando a los pies de la Virgen de Fourvière, un 23 de julio de 1816, sienten la inspiración de formar una familia religiosa misionera: La Sociedad de María, o Padres Maristas”
Marcelino no abandonará nunca esa promesa a lo largo de toda su vida. A las puertas de su muerte, cuando escribe su testamento espiritual a los Hermanitos de María, nos dejará escrito el ideal de toda su vida:
“Ámense unos a otros como Cristo los ha amado. No haya entre ustedes sino un solo corazón y un mismo espíritu. ¡Ojalá se pueda afirmar de los Hermanitos de María lo que se decía de los primeros cristianos: Miren cómo se aman (…) es el deseo más vivo de mi corazón en estos últimos instantes de mi vida”
Marcelino nos puso el nombre de “hermanos” (pequeños hermanos o hermanitos). “Como hermanos y hermanas” se titula uno de los capítulos del reciente documento de espiritualidad marista: “Agua de la roca”, hermanos y hermanas en Dios Padre y en María, que nos hace presente el rostro materno de Dios, y a quien llamamos tiernamente “Nuestra Buena Madre”. Marcelino nos imprimió un sello de marca, una forma de ser familia, que deriva de su propia experiencia de familia, su experiencia materna – paterna de Dios, expresada en las figuras de María y José, y de la experiencia de construir una familia con los primeros hermanos.
Los hermanos aprendieron a amarse entre sí, al aprender cómo él los amaba. El Hermano Lorenzo nos dejó un pensamiento maravilloso de este amor de familia:
“Una madre no tiene tanta ternura por sus hijos como la que el Padre Champagnat tenía por nosotros”
Ternura de madre y reciedumbre de padre, es lo que caracterizaba a Champagnat, a María, a José, a Jesús, a tantos santos y santas, donde los elementos femeninos y masculinos convergen para plasmar la perfecta imagen y semejanza de Dios que es cada ser humano.
LA MISIÓN MARISTA ES EDUCAR DESDE UN ESPÍRITU DE FAMILIA
Uno de los elementos esenciales de la misión marista es el espíritu de familia. No solamente se trata de un estilo educativo, sino que es parte constitutiva de la misión: debemos crear y expandir el espíritu de familia. La vocación de todo marista es crear comunión en todos los ambientes en que se encuentre.
Lo tenemos claramente en el documento “Misión educativa Marista”:
n° 107: “El gran deseo y la herencia del P. Champagnat es que nos relacionemos los unos con los otros y con los jóvenes como miembros de una familia que se ama. Procuramos hacer realidad ese deseo incluso en nuestras obras educativas más amplias y complejas”.
n° 108: “Dondequiera que estemos, nos comprometemos a construir comunidad entre todos los que se relacionan con nuestras instituciones y actividades (…). Todos han de sentir que están en casa cuando vienen a nosotros (…). Entre nosotros debe prevalecer un espíritu de acogida, aceptación y pertenencia, de manera que todos se sientan valorados y apreciados, cualquiera que sea su función o posición social” (Ver continuación números 109, 110, …)
ESTE DON SE NOS HA DADO PARA HACERLO FRUCTIFICAR EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
Como los talentos del Evangelio, este carisma no se nos ha dado para guardarlo sólo para nosotros, para nuestra pequeña familia. Nuestra tarea es la cristificación del universo. Esta cristificación no se puede dar sin una Iglesia y un mundo que sean “marianos”. La Encarnación de Cristo no se da sin “ser familia”. No es posible la Navidad sin la familia.
Hay que llevar este mundo hacia Belén, Nazaret, el Calvario, el Cenáculo, la Eucaristía, es decir hacia Jesucristo. María sigue siendo la que nos indica el camino.
2. CONCLUSIONES
Jesús, María y Marcelino están con nosotros.
Confiados en la fuerza de Dios y el apoyo fraternal de todos los que nos sentimos maristas, sigamos construyendo familia allí donde la vida nos lleve.
Las últimas palabras de Marcelino nos sirvan a todos para perseverar en esta misión:
“Ojalá se pueda afirmar de todos los Maristas lo que se decía de los primeros cristianos: ¡Miren cómo se aman! Este es el deseo más vivo de mi corazón en estos últimos instantes de mi vida”
AUTOR: Hermano Fernando Fernández
